Abrigo de los Toros del Prado del Navazo




La primera noticia publicada sobre el yaci­miento se debe a E. Marconell, en 1892. Tiempo después, el abrigo será investigado por el prestigioso prehistoriador H. Breuil (1910), y por este mismo autor y J. Cabré (1911).



Se trata de una de las estaciones más im­portantes del conjunto de Albarracín. Presenta un gran panel de 4,2m de longitud por 1,4m de altura. En el abrigo se han catalogado 19 re­presentaciones, con 9 bóvidos, 1 équido, 4 cua­drúpedos indeterminados y 5 antropomorfos. Las figuras se han dispuesto, articuladamente, en frisos, evidenciando un proceso de acumu­lación figurativa en diferentes momentos. Las representaciones más destacadas del conjunto son los grandes bóvidos, algunos de los cuales llegan a alcanzar los 70cm de longitud. Presen­tan ciertas convenciones estilísticas de gran per­sonalidad: los cuernos están representados en perspectiva torcida en forma de creciente lunar; presentan cuerpos muy largados y patas muy cortas, con la indicación de las pezuñas. Los an­tropomorfos son muy dinámicos, tres de ellos son arqueros en posición de disparo, uno lleva un objeto alargado, y el último es muy esque­mático y está en visión frontal. Todas las figuras son de color blanco-amarillento, a excepción de un toro y de un arquero negro.

Las pinturas de animales han sido realizadas con tintas planas, mientras que las figuras hu­manas han sido realizadas con trazos lineales.

Se ha señalado la existencia de tres fases, o momentos decorativos distintos, atendiendo esencialmente a cuestiones de índole cromá­tica, aunque la ejecución se habría realizado en un breve espacio de tiempo. Como la mayoría de las pinturas de Albarracín, son atribuibles al Neolítico (7000-4500 años antes del presente).