Abrigo de la Paridera de Tormón




La actuación dirigida al análisis y estudio de las pinturas rupestres del abrigo de la Paridera de Tormón se realizó en 1994, única campaña dirigida por A. Beltrán, en la que se pondrá de manifiesto la importancia de un conjunto con un número escaso de representaciones.

La estación decorada se halla en las proximidades de otros abrigos con pinturas rupestres, como el abrigo de las Cabras Blancas o el de la Ceja de Piezarrodilla, que se concentran en las in¬mediaciones de un claro boscoso denominado Prado de Tormón, en el término municipal del mismo nombre. La proximidad de las estaciones decoradas hace que compartan el mismo entorno de afloramientos de areniscas rojas, vestidos con un bosque de pinares, en los que se abren diversos calveros o prados con los que parecen relacionarse algunos de los abrigos decorados de Albarracín y alrededores.

En el abrigo, las representaciones pictóricas se distribuyen en un espacio bastante reducido de apenas 30 centímetros de ancho por 15 de alto, sobre un soporte rocoso que podría haberse alisado previamente con la finalidad de preparar el espacio a decorar.

Tan solo se observan cuatro figuraciones, todas ellas, según el autor del estudio, consideradas levantinas. En la realización de las mismas, se emplearon dos colores básicos, el negro y el blanco, siendo posible establecer diferentes matices.

La primera de estas representaciones se identifica como un cáprido realizado en negro y orientado a la derecha, que se muestra parcialmente conservado. Tan solo se aprecia la mitad delantera del animal, habiéndose perdido por completo los cuartos traseros y prácticamente la totalidad de las patas. Se observa, con cierta claridad, parte del lomo y del pecho, así como el cuello erguido y una cabeza triangular de la que surgen dos cuernos ligeramente curvados y paralelos entre sí. Yuxtapuesta a esta figura, a su derecha, se representó a un antropomorfo en blanco, definido como una mujer, caracterizada por un aire estilizado en la plasmación del cuerpo. Éste adopta una morfología casi lineal en su zona inferior, apreciándose un ensanchamiento en los hombros que da paso sin solución de continuidad, a una cabeza un tanto alargada en la que se daría cierto tratamiento a la melena, de la que, según Beltrán, llevaría prendidos unos adornos o pendientes. Los brazos son filiformes y parece portar en el izquierdo un objeto rectilíneo que se bifurca en su extremo superior, mientras que el brazo derecho se prolonga en una extraña forma curva que pasa por delante del cuerpo, aunque, tal vez, pudiera interpretarse como un objeto de morfología curva. La identificación de la figura como una representación femenina viene de la interpretación, según Beltrán, de los senos y por vestir falda, si bien la mala conservación de la parte inferior de la figura le impide hacer más precisiones. A escasos centímetros, a la derecha, del grupo definido, se observan los restos mal conservados de otro antropomorfo, también de coloración blancuzca, e identificado, como el anterior, como una mujer. Tan solo es posible observar la zona superior del cuerpo de forma triangular, habiéndose perdido el resto del mismo, las piernas y buena parte de la cabeza, en la que se apreciarían unos elementos decorativos afines a los de la otra representación antropomorfa. Los brazos se conservan, también, parcialmente; el izquierdo aparece flexionado, mientras que el derecho se figuraría tendido hacia abajo.